Es uno de los más notables compositores, pianistas y pedagogos del siglo XIX cubano. Nació en La Habana el 31 de julio de 1847 y falleció en esta misma ciudad el 29 de abril de 1905.

En 1865 ingresa en el Conservatorio Imperial de París,
en la capital francesa ofreció conciertos y acompañó al piano
a cantantes de renombre entre las cuales sobresalen Cristina Nilsson y Adelina Patti logrando la admiración por parte de músicos connotados como Rossini, Liszt y Gounod.

En 1870 regresa a La Habana donde inicia una loable función
en el medio artístico y social. Cervantes inició la creación de
sus obras desde temprana edad. En su repertorio se encuentran música de cámara, sinfónica, zarzuelas y una ópera, pero se destacó, sobre todo, con sus Danzas para piano en las cuales recoge la esencia de lo cubano.

Estas pequeñas piezas, escritas para dos y cuatro manos, se caracterizan por utilizar células rítmicas propias de la música popular cubana y, por lo general, presentan un bitematismo que permite definir, de manera inmediata, dos partes contrastantes. El dibujo melódico, a su vez, se acerca a la canción criolla ya separada del virtuosismo operístico italiano.

Adiós a Cuba, Los delirios de Rosita, Los muñecos, Picotazos
y No bailes más,
entre otras muchas, son representativas
del repertorio pianístico cubano y su significación trasciende
a los valores musicales que encierran cada una de ellas
pues constituyen muestra de la estilización de elementos característicos de la identidad nacional.